TeleYo

Articulo muy interesante de Maite Gutiérrez publicado en La Vanguardia 

Empieza la nueva temporada televisiva, para las grandes cadenas y para las miles de personas que en el último creado su propio canal Cuéntame… y Sin tetas… tendrán más competencia para capturar a la audiencia los jueves por la noche. Ahora, una cámara de vídeo doméstica, ordenador y conexión a internet de banda ancha bastan para convertirse en propietario potencial de una cadena, aunque sea minoritaria y a través de internet. Es el nacimiento del TeleYo, comunicación audiovisual personal al alcance de casi cualquiera. La fuga de televidentes de los canales convencionales podría ser doble: audiencia que se pasa de un programa a otro y más audiencia que se transforma en productora de contenidos.

Si YouTube se ha convertido en una videoteca mundial, webs como Mogulus, Operator11, Justin o MakeTV dan un paso más y ofrecen la infraestructura necesaria para levantar verdaderos canales, con conexiones en directo y contenidos las 24 horas. El propio Mogulus comenzó sus emisiones a mediados del año pasado y ya cuenta con más de 86.000 canales. Detrás de ellos hay desde particulares hasta colegios, asociaciones de vecinos, grupos contraculturales o religiosos. “Hace tiempo que se puede subir un vídeo a la web, pero el hecho de hacer televisión en directo es nuevo”, explica el periodista y profesor de tecnologías de la comunicación de la Universitat Autònoma de Barcelona Cinto Niqui. Las compañías y los partidos políticos también se han apuntado al TeleYo. El banco BBVA lanzó su propia televisión a través de internet en junio del 2007, en principio sólo para sus 100.000 empleados, y el PSOE cuenta con un canal al que se accede a través de su web. Se inclinaron por la televisión vía internet, explican, porque resulta “más barato y sencillo y puedes llegar a un mayor público”. El Ayuntamiento de A Coruña o el municipio de Culleredo también han montado su televisión en internet por las mismas razones.

La posibilidad de que cada uno sea dueño y productor de su propio canal – algo impensable hace poco más de un año- es cada vez más común, y diversas compañías cuentan ya con servicios de este tipo. Nokia presentará esta semana las novedades de su aplicación OVI, que permite almacenar y editar vídeo – entre otras cosas-, y en Francia existe una televisión de pago a través de la red – una especie de Imagenio- que da herramientas a sus abonados para crear un canal personal. “Estos canales los distribuye luego la propia compañía a todos sus clientes, que tienen una lista de las televisiones hechas por los abonados. Así te aseguras audiencia”, dice Niqui. El éxito de estas plataformas para manipular vídeo y dominar la televisión “demuestra que la audiencia no es pasiva, todo lo contrario, los televidentes son críticos, tienen su propio punto de vista, ponen a prueba a los medios de comunicación y los recrean a su manera”, afirma Henry Jenkins, profesor de análisis de medios especializado en comportamiento de la audiencia del Massachusetts Institute of Technology (MIT). Según sus investigaciones, esta voluntad de crear canales de comunicación propios encierra un sentimiento contradictorio hacia la televisión, “a la vez fascinación y frustración por ella”. Él reivindica este movimiento, igual que otros de autoproducción cultural, como una manera de “ejercitar la imaginación” y de modificar la manera en la que el público se expone al imperio audiovisual, por muy insignificantes y triviales que parezcan sus contenidos.

“La originalidad y la pasión suplen la falta de calidad de imagen o de producción”, coincide Luis Caldevilla, un profesional del medio televisivo – ha sido cámara, realizador, montador…- que comenzó a emitir su propio canal a través de internet como una afición y que ha pasado a dedicarse a él de forma más profesional. Desde su casa graba la evolución de dos rascacielos que se construyen en Madrid – serán los más altos de la ciudad- y luego emite montajes innovadores sobre las obras. “El boom de YouTube está pasando, es muy poco selectivo, la gente quiere algo más”, afirma. Para él, lo más interesante del TeleYo es la posibilidad de innovar, de no tener que pasar “por la dictadura” de los grandes conglomerados mediáticos. “Todos somos creativos en potencia”, dice, y pone como ejemplo varias campañas publicitarias que han copiado montajes que circulan por la red. “El anuncio de Telefónica en el que se ven dos manos con frases escritas o el de Audi en el que un coche toca una melodía golpeando botellas son copias de vídeos anónimos”, cuenta entre indignado y orgulloso.

Por ahora, la mayoría de las televisiones personales en la red – y las mejores- han nacido en Estados Unidos y Japón, aunque en España empiezan a surgir algunas, sobre todo en pruebas. El colectivo Neokinok, que promueve un modelo de televisión alternativo, es uno de los grupos más activos. No sólo emiten a través de internet, pero reconocen que este medio “ha facilitado mucho la distribución de contenidos y ha contribuido a la democratización del sector audiovisual”.

Entre marzo y junio de este año organizaron un taller de televisión participativa en Barcelona que emitió en directo, y en Brasil han creado un canal con la población de una de las mayores favelas del país. “Estas personas sólo salen en la tele por temas de drogas o violencia; en su televisión salen por cosas buenas, y eso les sube la autoestima por la importancia de este medio en la construcción de la sociedad”.

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